La Historia de Paco…

… y como aprendió a odiar a Apple

[Nota] Naufragando por la red, encontré esta historia en ba-k.com y la quise traer para compartirla con todos ustedes… los peligros de la vida moderna [/Nota]

Esta es una historia real. Los nombres y lugares han sido cambiados para proteger la intimidad …. de las personas.

Hace unos días recibimos una consulta en nuestro buzón de correos. Recibimos bastantes de ellas y tratamos de ofrecer, de forma pública a través de artículos o de forma privada con breves contestaciones, toda nuestra ayuda. Generalmente los primeros correos no suelen incluir toda la información necesaria, así que siempre acabas cruzando 3 o 4 correos electrónicos antes de poder dar un diagnóstico. Como ha ocurrido con Paco.

 Paco se puso en contacto con nosotros para preguntarnos algunos detalles sobre el GPS del iPhone. Su secretismo y su reticencia a responder a algunas preguntas sencillas forzó el intercambio de varios correos hasta que, como siempre, el “roce hace el cariño” y acabó contándonos su historia y dándonos permiso para contarla “por si a alguien le sirve de ayuda y siempre que no violen mi intimidad”. Hemos novelizado la historia para darle un poco más de agilidad ya que tiene un importante componente humano mas allá de lo tecnológico, así que esta es La historia de Paco el Pirujin y cómo Apple cambió su vida:

Soy un golfo, al igual que lo fue mi padre y mi abuelo. Somos tres generaciones (incluso puede que más) de hombres a los que sin remedio nos pierden las faldas. Soy responsable al respecto de otros aspectos de mi vida: mi trabajo, mis hijos, mi familia, pero es ver unas faldas y pierdo totalmente el estilo y eso me ha llevado a más de una situación curiosa… pero en esta ocasión mis aventuras han tenido una consecuencia casi fatal.

Pero permítanme que les cuente mi historia, para que quizás sirva de ejemplo para otros como yo y de como he aprendido a odiar los productos de Apple y a desconfiar de la tecnología de tal manera que roza en ocasiones la paranoia. No les deseo ningún mal al Jobs ese, pero espero que su empresa quiebre con todo lo mal que lo he pasado por su culpa.

Resulta que salía yo de una de mis aventuras en un local de, digamos, señoritas amables en medio de una carretera convenientemente apartada, con un estacionamiento discreto, y volvía a mi habitual ruta de trabajo como agente de ventas cuando de repente, dentro del coche, comienzo a oír la voz de mi mujer. Di un volantazo del susto y casi me salgo de la carretera. “¡Paco, ponte al teléfono!, ¡Paco, ponte al teléfono!, ¡Paco, ponte al teléfono!, ¡Paco, ponte al teléfono!, ¡Paco, ponte al teléfono!, ¡Paco, ponte al teléfono!, ¡Paco, ponte al teléfono!, ¡Paco, ponte al teléfono!”. Miro mi teléfono: no está sonando. Sigo escuchando a mi mujer… sale de la cajonera del reposabrazos del coche. La abro. Es su teléfono, con su imagen en la pantalla, sonando “¡Paco, ponte al teléfono!, ¡Paco, ponte al teléfono!, ¡Paco, ponte al teléfono!, ¡Paco, ponte al teléfono!, ¡Paco, ponte al teléfono!, ¡Paco, ponte al teléfono!”.

Tomo el teléfono y solo pude articular un tímido “¿siiiiiiiii, cariño?”. la conversación a continuación no tuvo desperdicio.

– ¿Donde estás?

– Pues cariño, trabajando. Llegando a la oficina, que he estado con el cliente X.

– ¡Eso es mentira!

– Pero cariño, yo …..

– Estás en la carretera X, aproximadamente a la altura de X, y has estado parado casi dos horas en un sitio en el que lo único que hay es un burdel. Tu me engañas Paco, y lo peor, con p$%as.

A estas alturas comencé a mirar hacia todos los lados en busca de un detective privado, pero parecía que me estuviera mirando.

– No, no mires a tu alrededor: ayer dejé el teléfono en el coche porque sabía que estaba pasando algo raro y he estado controlando todos tus movimientos a través de internet. Al final te he cachado. Cuando vuelvas a casa tendrás las maletas en la puerta. Quiero el divorcio.

Y me colgó.

Han pasado seis meses desde aquello y tras pasar cuatro de ellos fuera de casa, hemos llegado a un acuerdo de reconciliación, sobre todo porque no tenemos hijos (aclaración de redacción: Paco está casado en segundas nupcias) . Como parte de ese acuerdo, “he de cambiar” y adicionalmente, me he tenido que deshacer de mi querido teléfono Nokia y llevar un iPhone encima para que mi mujer sepa en cualquier momento en donde estoy y por supuesto, no tocar la configuración del teléfono bajo ninguna excusa.

Incluso, en alguna ocasión, me ha hecho abrir eso del facetime para que le mostrara donde estoy. Esto durará hasta que mi mujer recupere la confianza en mi … cosa que puede ocurrir en un punto indeterminado entre mañana y el siglo XXXV.

Se que mi conducta no ha sido ni con mucho la mejor. Se que me he ganado a pulso la desconfianza de mi mujer .. a la que sigo queriendo y por la que voy a intentar cambiar. Pero eso si, nadie me puede quitar mi profundo odio por Apple.

Ojalá se vayan todos al infierno

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