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Cristobalito y sus andanzas

(Un texto de Diana Luz Oliva Cárdenas)

Día de la Raza, el descubrimiento de América, el encuentro de dos mundos, día de las Américas o como sea más políticamente correcto llamarle, la cuestión es que cada año en varios países latinoamericanos (si no es que en todos) hay manifestaciones, actos de desagravio, protestas, etcétera, etcétera, etcétera, los cuales invariablemente terminan en batalla campal o, de menos, con varias de las estatuas de Colón bastante maltratadas.

Ante esto, uno no puede dejar de preguntarse: ¿Cómo se espera que termine bien algo que de suyo, hace 518 años, comenzó mal?

Me explico. Imaginemos a nuestro personaje central; es decir, don Cristobalito, solicitando audiencia con los Reyes Católicos con sus mapas bajo el brazo y la huella de una patada de Juan II de Portugal en el trasero. Tras varios intentos y bajo la consigna de: “A ver quién se cansa primero”, logró que lo recibieran. Supongo que el rey, fastidiado, le habrá exigido que fuera breve.

Obviamente, explicar la teoría de que la Tierra era redonda como un melón, cuando el Rey estaba plenamente convencido de que era tan plana como un jor quei (hot cake, pues) y de que, además, quería buscar otra ruta para llegar a las Indias, nada más que esta vez en sentido contrario (desde ahí ya estaban mal las cosas), era imposible de describir en menos de veinte palabras sin que lo consideraran fuera de sus cabales, por lo cual, Cristobalito tuvo que hacer enormes esfuerzos para describir su proyecto, como Lolita Ayala, “en pocas palabras”.

El resultado era de esperarse. El Rey mandó a Cristobalito mucho a la real…(ya te imaginarás).

No obstante, el proyecto impresionó a la Reina, supongo que por lo extraordinario del asunto; por lo que, a espaldas de su real marido, doña Chabela se puso de acuerdo con Cristobalito para patrocinarle tan insensata aventura.

Otra vez las cosas se presentan raras: se necesitaría estar más que loca para darle las joyas de la familia (no se piense mal, estoy hablando literalmente) a alguien que a lo mejor hasta se iba con el dinero y a ver cuándo lo volvían a encontrar.

Podríamos suponer que Cristobalito le ofreció a doña Chabelita el oro y el moro, pero esta teoría resulta más que imposible en la mitad ya que los moros acababan de ser expulsados de España en campaña sufragada por los mismísimos reyes católicos.

Luego entonces, no hay explicación posible a tan descabellado acto de confianza.

Acto seguido, tenemos que nuestro personaje central no se conforma con un pequeño navío. No. Tuvo que soltarse a pedir tres carabelas, las cuales, por supuesto, había que aprovisionar tanto con elementos humanos como elementos comestibles y bebibles.

Por los elementos humanos no hubo gran problema, a don Cristobalito le fue asignado un noble cuerpo de expertos marineros conformado por los criminales más reconocidos de la época extraídos ex profeso de las cárceles más pobladas del reino. Total, si la expedición fallaba, ya no habría que mantener a tan ilustres ciudadanos.

A ver, dígame alguien por el amor de Dios, ¿qué éxito iba a tener un proyecto con gente de tal clase? En fin, ahí van, todos a la mar.

Nos saltaremos todo el episodio de las largas semanas a bordo y nos ubicaremos ahora en el episodio donde los marineros, ya amotinados, se querían comer a Cristobalito (la Historia no consigna si vivo con sal y limón o hervido con unas cuantas hierbas de olor).

Afortunadamente para Cristobalito, el vigía tuvo a bien avisar que había tierra a la vista, por lo que el episodio gastronómico antropofágico quedó cancelado para mejor ocasión.

Bueno, pues resulta ser que Cristobalito y compañía bajaron, conocieron a los nativos, intercambiaron souvenirs, vieron qué les servía y qué no, recolectaron muestras de las maravillosas cosas encontradas en las nuevas tierras (aborígenes encadenados incluidos), agradecieron la hospitalidad y retiráronse rumbo a casita, dejando tras de sí muchas bolsas de basura (lo peor es que revolvieron la orgánica con la inorgánica).

Por si algo faltara, cuando desembarcaron de nuevo en España fueron recibidos como héroes.

Cristobalito se personó ante los reyes y, después de ver a don Fernando con cara de “¿No que no?” y presentó todo lo que se pasó a pirañear de tan nobles e inhóspitas (para él) tierras.

Todo pudo haber terminado ahí, pero no. Todavía hubo tres viajes más y en todos Cristobalito aseguraba, por los huesos de su madre, que estaba en Asia.

Si las cosas se ven de este modo, creo que los manifestantes tienen toda la razón en darle una raspadita cada año aunque sea de manera simbólica.

Después de todo, ¿quién podría respetar a tan soberano ignorante?

Categorías:Humor
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